Gol de falta y dos asistencias
Sublimes y al primer toque. Acciones
las tres, milimétricas en su precisión y exactitud. Única persona en el mundo
capaz de pensar maravillosamente con los pies. Disfrútenlo es sumamente
prodigioso, eternamente inigualable y dejen que la retina de sus ojos se frote
de deleite e incredulidad ante tanta maravilla.
En el fútbol Dios existe y su nombre
de pila es Lionel y de apellido Messi. Campa por los terrenos de juego como
Pedro por su casa y durante los encuentros el balón le busca porque sabe que
nadie en el mundo le tratará con más cariño y maestría.
El balón se rinde a sus pies e
inteligencia suprema y se deja llevar porque sabe que su mejor destino siempre
será el mismo entre las nubes de piernas y jugadores que intentarán con todas
sus inútiles fuerzas, oponerse en su trayectoria hacia su destino natural
dónde más sensaciones de júbilo y dolor suele provocar.
El fondo de las mallas del
contrario. El estadio entero rugirá y habrá todavía incrédulos que dudarán del
nombre y apellido de Dios en la tierra del fútbol, mientras el balón desde el
fondo del suelo de las redes sonríe, también de júbilo porque sabe que no hay
nadie en el mundo que le trate con mayor cariño, que ese pequeño argentino con
cara de niño que en cada partido le descubre nuevos vuelos y destinos que
nunca hubiese creído que existieran.
Ayer en los cuartos de final de la
Copa de América le escuché decir al balón: “Gracias Dios. Gracias Messi.
Gracias Lionel”.
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