El/La que lee mucho y viaja mucho,

        sabe mucho y ve mucho.

                                    Miguel de Cervantes

 

No soy ni creyente ni nada que se lo parezca, pero si me gusta moverme por la vida a través de las buenas sensaciones y las buenas vibraciones. Recién llegado a casa después de una jornada educativa enseñando, que me hace levantarme a las cinco de la mañana
y estar todo el día activo para que más de 100 alumnos( 111 concretamente)y alumnas de entre 14 y 17 años, no solo que no se me vayan de las manos, sino que deba sujetarlos física y anímicamente para que también aprendan y se den cuentan de que en la vida nadie te regala nada a no ser que puedan obtener algo a cambio de ti. Y la verdad es qué hay mucho a cambio para robarles a las generaciones futuras. Para eso mismo van al cole para que no se dejen robar nada.
El caso que nos ocupa aquí, es el de las sensaciones y vibraciones, y recién llegado a casa después del trabajo, me cambio de ropa, me sirvo un vaso de jugo de uva hecho de alcohol, y me pongo a preparar una cena que me pueda durar un par de días hasta que Sandra, mi esposa, regrese de Los Ángeles.
Estoy solo nadie me dice nada y me inclino por un puré mezcla de todo( patata,zanahoria, cebolla,perejil,pollo asado,especias, sal, aceite de oliva) y todo lo que se me ocurra y me sepa bien a priori para hacer el puré.
El invierno por mi pueblo ha sido muy largo y durísimo con nevadas y heladas de casi 20 bajo cero y entremedias el ómicron para celebrar bien el fin de año y el principio del siguiente en el que estamos. Abierta la botella de Jumilla, me lleno el chato de vino hasta la bandera, y mientras, lo dejo posar cómodamente entre mis dedos, me lanzo a por los aperitivos de queso que he preparado, y empiezo a preocuparme por el estado oculto de mis sensaciones y vibraciones. Estoy solo en casa, pero no quiero que se me note, sería muy aburrido todo entonces.
Un invierno muy duro y unas sensaciones nunca aptas para largos recorridos quieren instalarse dentro del clima caliente que muchas veces invade nuestras cabezas, aunque ahora solo hablo por la mía. Estoy abierto a todo lo que me venga y por eso me da por abrir todas las puertas y ventanas de mis dos viviendas preferidas: la física y la mental. Las abro, ambas de par en par, y la brisa que me recorre el cuerpo y de paso tal vez el alma también, es sobrecogedora. Me dejo invadir de aires y brisas impredecibles, y mientras el horno sigue cocinando esa cena que será una cena, mi cena, llena de sensaciones vitales. Me dejo atravesar por esa brisa imaginaria y fantástica que ha comenzado a inundar mi casa de arriba a bajo. El olor del horno vital de todas las cenas me empuja hasta el centro físico de todas las corrientes, mi ropa se infla de aire como si quisiera llevarme volando por toda mi casa. Me agarro a algunos barrotes del pasamanos de la escalera para no estrellarme contra ningún mueble. He resistido mejor de lo que pensaba y ya con los pies bien sujetos al suelo de madera de mi centenaria vivienda, me quedo sentado con las puertas todavía de par en par en un acto pseudo ritual de haber querido invitar a todas las brisas del mundo a que pasaran a cenar conmigo en una velada tan especial de sensaciones que me pudieran alejar de todo indicio de soledad.Dicho y hecho y sin ninguna muestra de arrepentimiento por ninguna
de las dos partes. Ni los aires estaban por saltar, ni yo por negarme a la invasión de mi intimidad hecha cena.
El olor fresco del guiso en la olla encima de los fuegos me insinúa que está lista. Apago los fuegos y las brisas que los insuflan desde fuera hacia dentro. Cierro puertas y ventanas en un acto reflejo que me transmite una encerrada sensación de compañía, confirmándome que la soledad no es cosa de uno sino cosa de unas cuántas sensaciones que uno debe dejar que le invadan.
Invadido y en espera de mi puré, de mi Jumilla y de toda una velada de grandes sensaciones por llegar, celebro todo lo que puedo, hasta que de golpe y porrazo, una inesperada sensación de sueño me encierra y me introduce, sin querer, en otro mundo subconsciente de de infinitas imágenes y fantasías. Allí me quedaré, y allí estoy, postrado en la cama viviendo lo real y ficticio de mi existencia entre aires, corrientes, cenas y sensaciones. Nadie entenderá lo que les cuento y sólo yo seré dueño de esa singularísima soledad de compañía.

Sonarán de nuevo las cinco de la mañana , del día siguiente que es hoy. Sonará de nuevo el jolgorio escolar de esos 111 jabatos y jabatas de alumnos que me esperan como cada día. Les abriré el abanico de sensaciones que conformaron mi noche de ayer. Les miraré a la cara esperando que se den cuenta de que las sensaciones y vibraciones las llevamos todos dentro de uno mismo. También les diré que es deber de cada uno crear espacios y tiempos para ir descubriéndolas una a una mientras duren. Yo soy su maestro y les cuento esto, me miran, o más bien, les miro yo a ellos, a sus ojos intentando desenmascarar el enigma inocente de sus miradas. Una nueva sensación de incredulidad se abrirá entre nuestros dos bandos. Yo su maestro tal vez confundiéndoles y ellos a mi confundiéndome incluso más porque nada de lo que les contaba lo entendían y tampoco, supongo que les interesara mucho. Viven en un mundo tan extraño de otras sensaciones y estímulos, que no sé si serán capaces de entender las mías y los míos.
De todas formas, mañana que ya es hoy, reclamaré su atención y les contaré mi experiencia de la noche anterior, pero en ese entonces, que es ayer,
la olla que todavía sigue calentándose en el fuego profundo de mis sensaciones, empezó a chirriar sonidos extraños, pidiendo mi atención, cuando llegué hasta ella, el  tupido velo, hecho fondo, que cubría mis viviendas se había transformado. No había puré, pero si guiso. 

El fuego y el sueño habían contribuido grandemente a esa tremenda transformación: de puré a guiso o de soledad a compañía. Todo un menú encubierto de posibles e infinitas sensaciones que no acaban con una sola cena o muchas cenas que nos esperan cada vez que abrimos nuestras dos viviendas de par en par y dejamos que todo tipo de brisas nos invadan.

 

El vacío del fútbol

Muy bien enfocado el vacío del fútbol que aparenta que llena, pero que en realidad vacía al individuo de la libertad que no dan ni el dinero ni la fama. Redescubrirse a uno mismo, ya sea a los 20, a los 30 o a los 60, es siempre enfrentarse a los sacrificios que exige sentirse libre con más o menos dosis de fama y dinero.

 La educación del futbolista debe comenzar al inicio de su carrera profesional y no al final cuándo ya no se ve otra salida para desengancharse de la droga de los deportes de élite.

Bueno es, el programa que mencionas y que sirve para mucho y para muchos exfutbolistas, sin olvidarnos que, aunque muy necesarios, van dirigidos para un sector privilegiado, cuándo deberían también existir para todos los miembros de la sociedad.

 Bueno, eso es harina de otro costal. Quedémonos con la libertad para luchar cada uno o una con todas sus fuerzas para conseguirla y seguramente se nos pasará la vida en ello.

 

FICCIÓN O REALIDAD

La verdad es que últimamente parece que la realidad supere la ficción. Y muchas veces parezca que se confunda una con la otra. Y eso está pasando desde ayer 18 de marzo de 2025 con Marca publicando la noticia de la manipulación UEFA de las imágenes del penalti famoso de Julián. Y la mía,unos días antes, con mi cuento hecho realidad sobre el penalti anulado a Julián Álvarez, al Atleti y a los sueños y anhelos de miles de aficionados atléticos que nunca esperarían en todas sus vidas asistir a un espectáculo tan deprimente y delirante como el que se dio casi entrada la medianoche del 14 de marzo en un escenario universal como lo es para mí y muchos más el Wanda Metropolitano.
Mi historia empezó así. Me esperé a que terminara el espectáculo y allí estaban todos: periodistas entrenadores y algunos jugadores que habían sido convocados para la rueda de prensa y yo en el medio de todo sin saber qué hacer o que decir, que más o menos es lo mismo. Proceso per se, que comienza cuándo empiezas a echar de menos las palabras que no te vienen, o las agallas que te faltan para hablar con el corazón caliente, y sin embargo te quedas cobardemente con las medias verdades que te dicta la razón para no meterse en un charco y luego arrepentirte.
Pero hoy el cuerpo me pedía guerra y estaba dispuesto a liarla porque el espectáculo que acabábamos de presenciar era inadmisible y no apto para todos los públicos. Lanzamientos de penaltis para dilucidar vencedor de la eliminatoria de Champions entre eternos rivales Real Madrid y Atlético. Después de más de 210 minutos de juego, las espadas seguían en todo lo alto sin vencedores ni vencidos haciendo que los penalties se convirtieran en determinantes para dar el triunfo a uno u otro equipo. Eso hubiese sido lo más lógico y natural para que esa decisiva tanda de penaltis se hubiese convertido en delirio para unos y suplicio para otros. La noche ya había empezado transmitiendo algunas sorpresas, como un gol a los 30 segundos, un penalti lanzado a las nubes y otros detalles del juego que por pasar desapercibidos al ojo de los espectadores no signifiquen que no ocurrieran. La antesala del caos ya estaba predispuesta para el espectáculo por llegar en los penaltis. Y llegó y vaya que si llegó. Julián se resbaló. Julián marcó y su gol valió y dejó de valer en menos de 30 segundos ante el asombro y estupefacción de espectadores y televidentes. Nadie sabía lo que había pasado mientras los jugadores madridistas llenos de júbilo y alegría lo celebraban tirados por todo el césped metropolitano. Así acababa la noche y el caos que nadie hubiese previsto al comienzo del partido. La guerra y el caos se habían desatado después de ese fatídico penalti. Guerra de imágenes, guerra de toques, guerra de opiniones y guerra de injusticias manifiestas para un equipo ostensiblemente perjudicado. Y la UEFA sin decir ni mú hasta 24 horas después de la verdad de lo ocurrido. Y ahí y en ese entonces es cuando entro yo en acción. Esas imágenes VAR, 24 horas después, no hay quien se las trague por mucho que insistan en convencernos. Ese equipo por las razones que sean tenía que estar en la siguiente ronda y eso lo sabían hasta la saciedad los directivos UEFA y sus secuaces. Lo consiguieron, y aunque si el equipo anfitrión se hubiese clasificado para la siguiente ronda les hubiese satisfecho también, el color blanco siempre es más limpio que el rojiblanco sin duda y además le estaban dando opción a que siguiera compitiendo y posiblemente abrir su paso a la gran final para seguir creando historia europea.
Aunque todo esto viene muy a cuento, no quiero que se nos olvide a nadie, que estamos en plena rueda de prensa, 24 horas después de uno de los mayores saqueos ocurridos en el mundo del fútbol, y conmigo allí presente y dispuesto a liarla pesara a quién pesara.
Rebobino, aunque sigo en mis trece, esperando mi oportunidad.
Es el propio Gigante Rector de Fútbol, el responsable directo de adecuar y dictar el guion de todas las ruedas de prensa que se daban en esta eliminatoria al igual que en todas. En esta, la jugada del penalti de Julián y la avanzada tecnología del Video Arbitraje Revisado (VAR) que la sujetaba campaba a sus anchas por todo el ambiente de la sala de prensa de la sede central UEFA. Extrañaba y mucho la pantalla gigante que se había colocado por detrás y a la derecha de la mesa de presentación de los deportistas conferenciantes. Nadie ni nada podía evitar su presencia y sus imágenes. Eran las mismas y repetidas hasta la saciedad y de ello, el Gigante Rector de Fútbol también era responsable. Los allí presentes no sabíamos nada de lo que estaba pasando. ¿A cuento de qué venía todo esto? Estaba claro que querían tener la última palabra en el enrevesado y polémico penalti de Julián y querían convencer al mundo entero que el jugador lo había golpeado dos veces y las imágenes y tomas eran convincentes. Para ellos, estaba clarísimo que el árbitro y el Var habían tomado la decisión correcta y el penalti bien anulado. En la mente y en el interés de los mandatarios del Gigante Rector de Fútbol queda instalada la verdad, su verdad y tema zanjado de forma definitiva. Aunque las sorpresas como en el césped también se pueden dar en salas de prensa. Entonces ¿porqué incidir en rueda de prensa para hacer prevalecer su verdad?
Lo mejor o lo peor, según se mire, de esta rueda de prensa estaba por llegar y yo en medio de todo y dispuesto a actuar. Yo no sabía nada y me quedé más que sorprendido cuando vi la gran pantalla invadiendo la inmensidad de la sala. ¿Y esto para qué? Me dije. Mi profesión como Técnico Superior Especializado en Imágenes y Sonido por la Universidad de Boston me habían permitido llegar hasta el Gigante Rector del Fútbol y desde 2022 me convertí en su máximo responsable en todo lo referente al VAR y demás tecnologías. Yo sí sabía, lo que sus dirigentes me habían encargado la noche anterior, pero de lo qué se cocía hoy en la sala de prensa no tenía ni idea ni por dónde iban los tiros. Así que atento, me quedé esperando acontecimientos que no tardaron en llegar. Empezó la rueda de prensa y el primero en tomar la palabra fue el representante oficial del Gigante Rector. “Buenos días a todos y todas aquí presentes. El motivo de mi presencia hoy aquí, al igual que el de la gran Pantalla Gigante, es mostrarles a ustedes y al mundo entero, imágenes inéditas sobre esa jugada tan polémica del penalti que decidió el partido y el resultado. Son inéditas y solo estuvieron disponibles, en estricta exclusividad, para los árbitros del VAR. Nadie más pudo verlas durante el partido y por eso fue el VAR, también exclusivamente, el que decidió que fuera anulada, aunque siempre el árbitro de campo tiene la última palabra y en este caso se dejó llevar por la decisión del VAR. Ahora las enseñamos para que se sepa la transparencia que transmiten las imágenes.”
Mis oídos no daban crédito a lo que escuchaban y el estómago, los nervios y todo lo que se pudiera remover dentro de mi organismo, empezó a entrar en ebullición.¿Cómo podían tener tanta caradura?
Yo sabía lo que me habían encargado los mandatarios la noche anterior y también durante el partido en ese mismo minuto cuando anularon el gol. Mi organismo presagiaba lo peor y por eso me había despertado esa misma mañana muy intranquilo y con muchas ganas de liarla. La pantalla gigante en la sala de prensa fue la gota que colmó el vaso. Me cocía el corazón por dentro, yo sabía lo que había hecho el día anterior, y aunque arrepentido lo hice siendo consciente de su extrema gravedad y consecuencias. Me sentí derrotado y apesadumbrado y no podía admitir que me lo restregaran por la cara tan indecentemente en rueda de prensa. Me afectaban a mi, más que a nadie. Gracias a Dios y a mi desconfianza sobre sus intenciones, me había arrastrado a cubrirme las espaldas, por si las moscas, con unas buenas copias de seguridad. El representante del Gigante Rector siguió con su alocución inventada, y mientras, yo con el cuchillo en la boca, dispuesto a lo que fuera. “Ahora verán que Julián toca la pelota 2 veces para enviarla al fondo de las mallas. Penalti ilegal, no gol decisión correcta y resultado correcto el determinado por VAR y árbitro y se acabó la polémica. Espero puedan apreciar la verdad que muestran las imágenes. Vean y escriban al respecto”.
Así acabó su discursito, se mostraron las imágenes varias veces. Nadie rechistó, pero para mí la suerte estaba echada y la batalla no había hecho nada más que comenzar. Yo no me podía quedar quieto por muy grande que fuera el Gigante Rector del Fútbol. Yo y la verdad de los hechos debían prevalecer por encima de los todopoderosos. Mucho miedo si, pero copias de seguridad, fechas y horas de la manipulación me avalaban y me empujaban sin VAR a la victoria. Esperé a que se apagara el ronroneo de la sala, una vez que se terminaran de ver las imágenes y sus repeticiones y el discurso del oficial. Habían transcurrido entre 30 y 40 minutos, se había instalado el silencio en la sala, nadie decía nada y de repente yo me levanté de mi silla, montada al lado de los conferenciantes, y me dirigí a todos los presentes. Lo primero que se oyó de mi boca fue:”Estas imágenes han sido manipuladas” El ronroneo se convirtió en bomba y yo en responsable de explosivos. Me convertí en centro de atención y todos, periodistas y corresponsales, empezaron a comerme a preguntas. La tensión saltó por los aires chocando violentamente contra mi silencio posterior. El representante oficial intentó y consiguió imponer el orden, se calmaron los nervios y volví a tomar la palabra: “Ayer vinieron a mi despacho me encargaron manipular la posición del pie del jugador y del balón y accedí a ello para demostrarles lo granujas y falsos que son. Aquí estoy para lo que quieran”. Me acosaron y me inundaron a preguntas. No contesté a ninguna. Abandoné la sala escoltado. Ya había hablado antes con mis abogados pero el mundo del fútbol ya no volvió a ser lo mismo para nadie. Esto es lo que las nuevas tecnologías aportan al increíble y manipulado espectáculo mundial del fútbol. Me arrepentí de lo que hice, pero no de las consecuencias que puedan traer. En los partidos siguientes de la Champions se volvieron a ver nuevas imágenes del VAR muy sospechosas, aunque para esas nunca más me volvieron a llamar. Continuará…


                            ¡En el fútbol que es la vida!

             


 

Yo pregunto porque no sé, ¿y tú?

Todas estas cuestiones me rondaban en la cabeza mientras me hacía a la idea de cómo contar una historia que sirviera tanto para la vida como para el fútbol. Empecé a pensar sobre el fútbol y cómo se concibe con la cabeza y se ejecuta con los pies. Por ese mismo motivo, como entrenador de jóvenes que fui, siempre me interesó y preocupó mucho hacer que mis jugadores aprendieran a pensar.

Así que un día de entrenamiento cualquiera en el que empezamos el calentamiento jugando un partido de balonmano a lo largo y ancho del campo de fútbol, les pregunté el por qué creían que habíamos hecho ese calentamiento jugando al balonmano que en apariencia no tiene nada que ver con el fútbol.

 Yo era el entrenador del equipo de cadetes en mi instituto de Nueva York y los jugadores tenían entre 14 y 16 años. Quería que pensaran y sacaran sus propias conclusiones. Estas fueron sus respuestas: R1: Ayer jugamos al fútbol y aunque suene un poco contradictorio, lo hicimos con las manos. Al principio, me sentí un poco confundido porque no sabía por qué lo hacíamos. Pero enseguida me di cuenta de que estaba aprendiendo a pasar la pelota hacia atrás sin problemas en vez de siempre querer ir hacia adelante.

Además, la razón por la que usamos las manos fue para darnos cuenta de la importancia del buen control de la pelota para hacer el juego más fácil.

R2: Ayer aprendí muchas cosas con el fútbol hecho balonmano. A jugar fácil, a jugar largo para eliminar presión, a pasar hacia atrás para jugar seguro y sobre todo a comunicarme bien con mis compañeros para crear opciones de jugada.

R3: Ayer hicimos algo muy importante en el juego del fútbol con relación a movimientos, control y toma de decisiones. Jugar con las manos nos enseñó que controlar y poseer la pelota es el aspecto más determinante para ganar. También es mejor pasarla atrás que jugar hacia adelante arriesgando su pérdida. Controlar el balón es controlar el partido.

 R4: Ayer jugamos con las manos para mejorar el aspecto mental de nuestro fútbol. Esto nos permite tomar decisiones más rápidas y saber dónde tienes que pasar la pelota antes de recibirla. Por eso practicamos los pases fáciles y simples para acelerar el juego sabiendo que si controlas la pelota controlas el juego.

R5: Ayer aprendí que para ir hacia adelante muchas veces hay que jugar para atrás. La clave es controlar la pelota y ejecutar pequeños y seguros pases.

R6: Ayer aprendí a que controlar bien el balón es muy importante. Además, me di cuenta de la importancia de tener una visión amplia de todo el campo, a lo ancho y a lo largo para poder elegir tus pases cortos o largos, los que sean más seguros.

 R7: Ayer durante el entrenamiento pudimos medir nuestra capacidad para jugar en equipo mediante nuestra técnica de control del balón. Nuestro entrenador nos animó a jugar fácil y sencillo para controlar el juego. Al acabar la sesión supe que el concepto básico del fútbol es controlar el balón y los pases.

R8: Ayer jugamos con las manos para aprender la importancia del posicionamiento y los movimientos en el fútbol. No siempre hay que progresar hacia adelante sabiendo que jugando hacia atrás es más seguro, sobre todo cambiando el balón hacia el otro lado del campo. También aprendí que los desmarques rápidos hacia adelante son claves para neutralizar la presión del contrario.

R9: Aprendí que pasar el balón hacia atrás es más fácil y seguro que ir hacia adelante. También hay que mirar para buscar al compañero mejor colocado.

R10: Aprendí a crear espacios, buscar y hacer apoyos al jugador con el balón y a hacer movimientos sin balón.

R11: Aprendí a jugar sin balón, crear más pases cortos y a mejorar la comunicación en el juego con los compañeros.

R11: Aprendí que si quieres ganar el partido debes tener las posesiones y saber jugar seguro.

R12: Aprendí a no tener miedo a jugar rápido, fácil y seguro. Hacer cambios de orientación para eliminar la presión del contrario y saber comunicarse bien con los compañeros con buenos y simples pases.

Hubo otras nueve respuestas más insistiendo en lo mismo que habían aprendido jugando con las manos: crear espacios, la vista arriba, desmarques, toma de decisiones rápidas y segura, pases cortos para seguridad y largos para sorprender o quitar presión crear apoyos constantemente y las tres reglas básicas de: controlar- pasar- desmarcarse.

Esto es todo, se ve que la sesión de jugar con las manos les enseñó de forma rápida y práctica los principios básicos del juego del fútbol. A mí me enseñó a saber que preguntando y escuchando se aprende mucho, tanto en la vida como en el fútbol y la verdad es que eso es mucho y en especial cuando se tienen  14 o 15 o 16 años.


 

    La mala racha

No hay equipo que se salve, incluso el nuestro. Perdemos todo, bueno empatamos que es casi como perder. Se nos cae el fútbol de las botas y andamos literalmente por el campo deambulando como zombis extraterrestres que nunca hubieran jugado partidos de máxima competición.

Se nos siguen cayendo los pases y las ocasiones y perdemos todo en el campo: el toque, los disparos desde fuera del área, los remates, las paredes, la rapidez y la inteligencia. Es como si alguien nos hubiese echado un mal de ojo y nos hubiese paralizado las piernas de los jugadores y el cerebro del entrenador.

Tal vez pudiera ser pura casualidad, pero no lo creo. A veces nuestro bajón futbolístico demora en irse y andamos otra vez literalmente de pérdida en pérdida o de empate en empate dónde nuestro equipo pierde lo que encuentra, no encuentra lo que busca, y nos instala en estados de pánico con mucho miedo de que se nos caiga la clasificación en alguna pequeña distracción inoportuna.

 

El fútbol perfecto o moderno

Sin errores y con la inteligencia artificial a disposición de todos los equipos para conseguir formar jugadores-robots perfectos para cada uno o una en su mejor posición, vislumbro campeonatos donde todos los partidos terminarán en empates a cero.

Los espectadores huirán de los estadios por aburrimiento y se trasladarán a las canchas de barrio para disfrutar del fútbol  espectáculo atrevido de futbolistas que deleitarán a los espectadores por su talento, originalidad e improvisación.

¡Viva el futbol moderno! Gritaremos.


 

El balón su mejor y fiel amigo

     Este es el momento que todo el mundo del fútbol estaba esperando y ahora ya lo tienen y para siempre. Ver a Messi alzando la Copa del Mundo. Pero no existe otro ser en el mundo que pueda tener más felicidad, después del propio Messi, que el esférico que jugó esa final y que además como principal protagonista, pidió que se le dejara hablar en rueda de prensa para expresar su alegría por el astro argentino.

Ayer en el mundial de Qatar, ganó Argentina, ganó Messi y ganó su majestad el balón alabando a Messi. Fue una sorpresa mundial y bienvenida para zanjar de una vez el idilio de Messi con los balones. El momento y la grandeza del momento exigía un ahora o nunca, y el balón de esta final no quería desaprovechar la gran oportunidad de su vida.

Por primera vez un balón FIFA, en representación de todos los balones FIFA jugados en Copas Mundiales de Naciones, se acercó al presidente de FIFA, en medio de la alegría de las celebraciones y le pidió la palabra en medio de un ambiente totalmente enaltecido y contagiado por los allí presentes. El presi descolocado y sin saber cómo reaccionar accedió sin pensarlo, totalmente sorprendido por lo inaudito de la petición. 

¿El balón con el que se acaba de disputar la final, hablando en rueda de prensa? Se preguntaban todos y no entendían nada.

 Eso ni se lo podía imaginar nadie y menos el presidente de la FIFA, pero estaba pasando y accedió a ello como poseído y obligado por extrañas fuerzas irreales que le maniataban sin oponer resistencia a la gran locura que le estaba planteando el balón, ya terminada la final.

 No era ciencia ficción, era real, tan real como que la Argentina de Messi había ganado la final y el balón estaba a su lado suplicando su palabra infinita y universal.

Este balón quería hablar, estaba dispuesto a todo y quería hacerlo ya, en rueda de prensa y en plena vorágine de alegría y celebración. Cinfantino se dejó arrastrar por la confusión del tinglado y cuando se quiso dar cuenta vio cómo don Balón se apoderaba del micrófono y aireaba a los cuatros vientos sus arengas sobre el mejor jugador del mundo.

Los espectadores escuchaban estupefactos las arengas futbolísticas que procedían del centro del campo, ahora convertido en teatro de celebraciones. Les envolvían las palabras sin llegar a acertar de quién y de qué boca salían. Así sonaron en el eco universal de su micrófono:

 

"Muchas gracias a todos los aquí presentes y a toda esa afición futbolera interplanetaria que siempre nos acompañan en corazón y espíritu en todos y cada uno de los partidos mundialistas. Estamos contentísimos de lo que aportamos a este juego, ya que sabemos, que, sin nosotros o nosotras, este amor y pasión que despertamos no existiría y nada sería igual. Sabemos que a muchísimas personas las hacemos muy felices y a otras, también muchísimas, las hacemos muy infelices y tristes. Sí, es por nuestra culpa. Por favor, óigannos fuerte y bien:

 -Nosotros también tenemos sentimientos y nos llegan los suyos cada vez que gana o pierde su equipo-

“Pero ese no es el motivo por el que estoy hoy aquí. Estamos aquí y estamos tristes porque el jugador más grande de la historia se nos va y ya nada será igual después de él. Le echaremos muchísimo de menos y muy especialmente sus roces, sus caricias y sus mimos futbolísticos. Sí, estamos tristes, muy tristes por su marcha de los mundiales, aunque increíblemente felices por los momentos e instantes de júbilo indescriptible que nos han hecho vivir y disfrutar, sus magnánimos: pie y bota izquierda. Sublimes ambos cuándo se unen en el terreno de juego.

Estamos infinitamente felices y lo queremos compartir con todos ustedes. Es lo que queremos y deseamos por el bien de fútbol: sus afiliados y aficionados. Muchas gracias de nuevo”.


 

 En el fútbol mundial

Existe una única persona capaz de pensar maravillosamente con los pies y ejecutar toques, pases, túneles, sombreros, regates, engaños invisibles, paredes, desmarques, faltas y goles sublimes que, si no los hubiéramos vistos con nuestros propios ojos, no nos creeríamos que hubiesen existido.

Magistrales en su ejecución y milimétricos en su precisión y exactitud, parecen más, nuevas fórmulas científicas y matemáticas capaces de desafiar las leyes supremas de la naturaleza, que las verdaderas obras de arte que el astro argentino es capaz de dibujar con los pies.

Afortunadamente, en España, hemos disfrutado al máximo y sus delirios de grandeza balompédica han sido sumamente prodigiosos y eternamente incomparables. Ser testigo de tanto y tan bonito durante casi veinte años supera todo lo imaginable y posible y deja a la retina de nuestros ávidos ojos en estado de shock, deleite, incredulidad y maravilla.

Para mí y mis casi 70 años, en el fútbol actual, Dios existe y su nombre de pila es Lionel y de apellido Messi. Campa por los terrenos de juego como Pedro por su casa y durante los encuentros el balón le busca porque sabe que nadie en el mundo le tratará con más cariño y maestría. El balón se rinde a sus pies e inteligencia suprema y se deja llevar porque sabe que su mejor destino siempre será el mismo: su majestad el gol.

 Ni las nubes de piernas y jugadores adversarios que se pongan delante, de este pequeño gran Dios futbolístico, serán suficientes para pararle y todos fracasarán en sus esfuerzos inútiles para oponerse a las leyes naturales del manejo del esférico que Dios impone en todas sus acciones.

El gol es de Dios y Dios es del gol y las sensaciones de júbilo y dolor, que esta verdad provoca, son indescriptibles y muy fáciles de explicar mientras el balón se esconde en su refugio del fondo de las mallas del equipo contrario. El estadio entero rugirá y habrá todavía incrédulos que dudarán del nombre y apellido de Dios en la tierra del fútbol.

Mientras tanto el balón desde su escondite mallero seguirá sonriendo feliz y contento por saber y reconocer, que pase lo que pase, no habrá nadie en el mundo que le trate con mayor cariño que ese as argentino con cara de niño, que, en cada partido, le descubre nuevos vuelos y destinos que nunca hubiese creído que existieran.

Ayer, como en muchos otros ayeres de los últimos años le escuché decir al balón: “Gracias Dios. Gracias Messi. Gracias Lionel”. Hacer hablar al balón debe ser un soñando, aunque antes mi hija me desveló con la noticia de lo del Dios de fútbol.

 “Messi se va del Barça”.

No me lo podía creer. No me lo quise creer. No lo quería aceptar y mi mente se rebelaba en esfuerzos inútiles por comprender la noticia. Eran casi las dos de la madrugada por estas tierras neoyorquinas y la noche y la distancia no me daban, ya más para soñar con Dios.

El Dios del fútbol puede estar en todas las partes y no solo en Barcelona. Quise conciliar el sueño, pero mi cabeza no me dejaba. Seguro que Dios quería continuar en tierras catalanas, no tengo ninguna duda, pero tal vez algunos no lo querían por sentirse acomplejados. Dios se esfumaba del Nou Camp y yo de la oscuridad de la noche entre mis sabanas. La verdad es que yo hubiese hecho todo lo posible porque se quedase y lo habría aceptado. Es ese su carácter y personalidad. Apagué mi móvil y dije: “Buenas noches o buenos días. Como ustedes quieran y que Dios, el del fútbol, nos bendiga a todos “milagro solo al alcance de los dioses. Apagué el televisor, me acosté para seguir soñando casi despierto.



 

Las olas

 

Esta es la historia de un sobrino que nace en el mismo pueblo, en la misma familia, por supuesto, y casi en la misma casa que el tío, aunque con 14 años de diferencia. El tío se hace famosísimo. Sus vidas se acercan y se alejan como olas desatadas en el mar. En un par de ellas, la embestida es tan fuerte que casi rompe la orilla del sobrino. Pero eso no ocurre y el tío se convierte en experto de muchos mares futbolísticos.

Desde lejos, el sobrino sigue la estela del tío, mientras sus estudios le especializan en conquistas de los mares deportivos más difíciles. El tío, acepta el reto de su sobrino: primero con el engañoso fracaso de 2006 y lo culmina, de forma magistral, una noche mágica de verano del 2008. Esa misma noche, los barcos futbolísticos de España se desatan sin pudor por unas aguas de un mar, ahora convertidas en planchas de césped de un estadio, que se rinde, sin remedio, a una selección y a una exhibición jamás vista por esos mares. El tío se instala en el Olimpo y se hace leyenda eterna irremplazable. Mientras tanto, el sobrino bucea por todas esas aguas y nos lo cuenta.

 

  Las olas   Esta es la historia de un sobrino que nace en el mismo pueblo, en la misma familia, por supuesto, y casi en la misma casa q...