En el fútbol mundial

Existe una única persona capaz de pensar maravillosamente con los pies y ejecutar toques, pases, túneles, sombreros, regates, engaños invisibles, paredes, desmarques, faltas y goles sublimes que, si no los hubiéramos vistos con nuestros propios ojos, no nos creeríamos que hubiesen existido.

Magistrales en su ejecución y milimétricos en su precisión y exactitud, parecen más, nuevas fórmulas científicas y matemáticas capaces de desafiar las leyes supremas de la naturaleza, que las verdaderas obras de arte que el astro argentino es capaz de dibujar con los pies.

Afortunadamente, en España, hemos disfrutado al máximo y sus delirios de grandeza balompédica han sido sumamente prodigiosos y eternamente incomparables. Ser testigo de tanto y tan bonito durante casi veinte años supera todo lo imaginable y posible y deja a la retina de nuestros ávidos ojos en estado de shock, deleite, incredulidad y maravilla.

Para mí y mis casi 70 años, en el fútbol actual, Dios existe y su nombre de pila es Lionel y de apellido Messi. Campa por los terrenos de juego como Pedro por su casa y durante los encuentros el balón le busca porque sabe que nadie en el mundo le tratará con más cariño y maestría. El balón se rinde a sus pies e inteligencia suprema y se deja llevar porque sabe que su mejor destino siempre será el mismo: su majestad el gol.

 Ni las nubes de piernas y jugadores adversarios que se pongan delante, de este pequeño gran Dios futbolístico, serán suficientes para pararle y todos fracasarán en sus esfuerzos inútiles para oponerse a las leyes naturales del manejo del esférico que Dios impone en todas sus acciones.

El gol es de Dios y Dios es del gol y las sensaciones de júbilo y dolor, que esta verdad provoca, son indescriptibles y muy fáciles de explicar mientras el balón se esconde en su refugio del fondo de las mallas del equipo contrario. El estadio entero rugirá y habrá todavía incrédulos que dudarán del nombre y apellido de Dios en la tierra del fútbol.

Mientras tanto el balón desde su escondite mallero seguirá sonriendo feliz y contento por saber y reconocer, que pase lo que pase, no habrá nadie en el mundo que le trate con mayor cariño que ese as argentino con cara de niño, que, en cada partido, le descubre nuevos vuelos y destinos que nunca hubiese creído que existieran.

Ayer, como en muchos otros ayeres de los últimos años le escuché decir al balón: “Gracias Dios. Gracias Messi. Gracias Lionel”. Hacer hablar al balón debe ser un soñando, aunque antes mi hija me desveló con la noticia de lo del Dios de fútbol.

 “Messi se va del Barça”.

No me lo podía creer. No me lo quise creer. No lo quería aceptar y mi mente se rebelaba en esfuerzos inútiles por comprender la noticia. Eran casi las dos de la madrugada por estas tierras neoyorquinas y la noche y la distancia no me daban, ya más para soñar con Dios.

El Dios del fútbol puede estar en todas las partes y no solo en Barcelona. Quise conciliar el sueño, pero mi cabeza no me dejaba. Seguro que Dios quería continuar en tierras catalanas, no tengo ninguna duda, pero tal vez algunos no lo querían por sentirse acomplejados. Dios se esfumaba del Nou Camp y yo de la oscuridad de la noche entre mis sabanas. La verdad es que yo hubiese hecho todo lo posible porque se quedase y lo habría aceptado. Es ese su carácter y personalidad. Apagué mi móvil y dije: “Buenas noches o buenos días. Como ustedes quieran y que Dios, el del fútbol, nos bendiga a todos “milagro solo al alcance de los dioses. Apagué el televisor, me acosté para seguir soñando casi despierto.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

  Las olas   Esta es la historia de un sobrino que nace en el mismo pueblo, en la misma familia, por supuesto, y casi en la misma casa q...