El balón su mejor y fiel amigo

     Este es el momento que todo el mundo del fútbol estaba esperando y ahora ya lo tienen y para siempre. Ver a Messi alzando la Copa del Mundo. Pero no existe otro ser en el mundo que pueda tener más felicidad, después del propio Messi, que el esférico que jugó esa final y que además como principal protagonista, pidió que se le dejara hablar en rueda de prensa para expresar su alegría por el astro argentino.

Ayer en el mundial de Qatar, ganó Argentina, ganó Messi y ganó su majestad el balón alabando a Messi. Fue una sorpresa mundial y bienvenida para zanjar de una vez el idilio de Messi con los balones. El momento y la grandeza del momento exigía un ahora o nunca, y el balón de esta final no quería desaprovechar la gran oportunidad de su vida.

Por primera vez un balón FIFA, en representación de todos los balones FIFA jugados en Copas Mundiales de Naciones, se acercó al presidente de FIFA, en medio de la alegría de las celebraciones y le pidió la palabra en medio de un ambiente totalmente enaltecido y contagiado por los allí presentes. El presi descolocado y sin saber cómo reaccionar accedió sin pensarlo, totalmente sorprendido por lo inaudito de la petición. 

¿El balón con el que se acaba de disputar la final, hablando en rueda de prensa? Se preguntaban todos y no entendían nada.

 Eso ni se lo podía imaginar nadie y menos el presidente de la FIFA, pero estaba pasando y accedió a ello como poseído y obligado por extrañas fuerzas irreales que le maniataban sin oponer resistencia a la gran locura que le estaba planteando el balón, ya terminada la final.

 No era ciencia ficción, era real, tan real como que la Argentina de Messi había ganado la final y el balón estaba a su lado suplicando su palabra infinita y universal.

Este balón quería hablar, estaba dispuesto a todo y quería hacerlo ya, en rueda de prensa y en plena vorágine de alegría y celebración. Cinfantino se dejó arrastrar por la confusión del tinglado y cuando se quiso dar cuenta vio cómo don Balón se apoderaba del micrófono y aireaba a los cuatros vientos sus arengas sobre el mejor jugador del mundo.

Los espectadores escuchaban estupefactos las arengas futbolísticas que procedían del centro del campo, ahora convertido en teatro de celebraciones. Les envolvían las palabras sin llegar a acertar de quién y de qué boca salían. Así sonaron en el eco universal de su micrófono:

 

"Muchas gracias a todos los aquí presentes y a toda esa afición futbolera interplanetaria que siempre nos acompañan en corazón y espíritu en todos y cada uno de los partidos mundialistas. Estamos contentísimos de lo que aportamos a este juego, ya que sabemos, que, sin nosotros o nosotras, este amor y pasión que despertamos no existiría y nada sería igual. Sabemos que a muchísimas personas las hacemos muy felices y a otras, también muchísimas, las hacemos muy infelices y tristes. Sí, es por nuestra culpa. Por favor, óigannos fuerte y bien:

 -Nosotros también tenemos sentimientos y nos llegan los suyos cada vez que gana o pierde su equipo-

“Pero ese no es el motivo por el que estoy hoy aquí. Estamos aquí y estamos tristes porque el jugador más grande de la historia se nos va y ya nada será igual después de él. Le echaremos muchísimo de menos y muy especialmente sus roces, sus caricias y sus mimos futbolísticos. Sí, estamos tristes, muy tristes por su marcha de los mundiales, aunque increíblemente felices por los momentos e instantes de júbilo indescriptible que nos han hecho vivir y disfrutar, sus magnánimos: pie y bota izquierda. Sublimes ambos cuándo se unen en el terreno de juego.

Estamos infinitamente felices y lo queremos compartir con todos ustedes. Es lo que queremos y deseamos por el bien de fútbol: sus afiliados y aficionados. Muchas gracias de nuevo”.


 

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