Dibujo
de un banco de flores
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¿Para
qué son todas esas llaves? Pregunta el chaval.
¿Qué
llaves? dice el abuelo.
Los
ojos del abuelo se muestran extrañamente vacíos. Ahora se golpea las sienes en
frustración y el chaval abre su boca para decir algo, pero se calla cuando ve
eso del abuelo, se sienta tranquilamente y hace lo que su abuelo le había
enseñado a hacer en caso de que se perdiera: Otea a tus alrededores, busca
marcas visibles y significativas, y pistas claras.
El
banco está rodeado de árboles porque al abuelo le encantan los árboles porque a
los árboles no les importa nada los pensamientos de los humanos.
Hay
siluetas de pájaros que se elevan por encima de ellos se esparcen por los
cielos y descansan tranquilos con los vientos. Un dragón verde y somnoliento
cruza la plazuela. Un pingüino con pequeñas huellas de color chocolate en su
estómago duerme en un rincón. Un búho de un solo ojo se sienta al lado del
pingüino. Noah reconoce a los dos porque solían ser suyos. El abuelo le regaló ese
dragón recién nacido.
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Dibujo
de una planta
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La
abuela le dijo al abuelo que no era apropiado regalar dragones de juguete a
recién nacidos y el abuelo contestó que él no quería un nieto que fuera como
los demás. La gente pasea por la plazuela, aunque se ven borrosas y cuando el
chaval intenta enfocar sus contornos se van de sus ojos igual que la luz a
través de las persianas venecianas. Uno de ellos se para y saluda desde lejos
al abuelo y este le devuelve el saludo intentando mostrarse con confianza.
¿Quién
es ese? Pregunta el chaval.
- Ese
es, no, no, no puedo acordarme. No Noah, ha pasado tanto tiempo- Noah se calla,
duda y busca algo en sus bolsillos.
- No
me has dado un mapa ni un compás hoy, nada que me pueda ayudar, no sé cómo
quieres que encuentre el camino de regreso a casa, abuelo- susurra Noa.
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El abuelo empieza a llorar en bajito y sin
lágrimas para que el nieto no se dé cuenta. -Es difícil de explicar Noah, Noah,
es increíblemente, increíblemente difícil explicarlo-
La chica está de pie enfrente de él y huele a jacintos
como nunca hubiese olido en otro sitio Su pelo es viejo pero el viento sobre él,
nuevo. Todavía recuerda cómo se sintió al enamorarse. Ese es el último recuerdo
que se le escapa, enamorarse de ella significó no tener más espacio en su
propio cuerpo. Por eso es por lo que él bailó.
-Tuvimos
muy poco tiempo- dijo.
Ella
sacudió su cabeza:
-Tuvimos
una eternidad con hijos y nietos-
-Solo te tuve por un abrir y cerrar de ojos-
dijo él.
Ella le besa su muñeca con su barbilla descansando
en sus dedos.
Pasean
lentamente a largo del camino que él piensa que ha paseado antes sin acordarse
a dónde lleva ese camino.
Su
mano está vendada alrededor de la de ella y tienen 16 años otra vez, no
tiemblan los dedos, no duelen los corazones, su pecho le dice que puede correr
hasta el horizonte, aunque su aliento pasa de largo y sus pulmones no le
obedecen ya como antes.
Ella se para, esperan pacientemente debajo del
peso de su brazo y ahora ella es vieja igual que el día antes de que la dejara.
Él la susurra junto a su párpado:
- No
sé cómo explicárselo a Noah-
- Yo sí sé- dice ella, mientras su aliento sopla
contra el cuello del abuelo.
- Es
tan grande ahora, ojalá pudieras verle- Lo sé, lo sé.
- Te echo
de menos, mi amor-
- Todavía
estoy contigo, querido difícil tú-
-Pero
ahora, solo en mis recuerdos, solo aquí-
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- Eso
no importa. Eso fue siempre mi parte favorita sobre ti. He llenado la plazuela
y se ha hecho más pequeña de noche otra vez.
- Lo
sé, lo sé-
Mientras
se limpia la frente con un suave pañuelo, haciendo pequeños círculos rojos, cayendo
sobre el material de su vestimenta-
Ella
le grita: - Estás sangrando. Ten cuidado cuando montes en el barco- Él cierra los ojos.
- ¿Qué
le digo a Noah? Cómo le voy a explicar que voy a dejarle incluso antes de que
yo muera-
Ella toma su mandíbula en sus manos y la besa.
- Querido
marido difícil, debes explicar esto a nuestro nieto, igual que siempre le has
explicado todo a él, como si él fuera más inteligente que tú.-
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Él la
sujeta cerca, sabe que la lluvia llegaría pronto.
Noah ve cómo el abuelo se siente avergonzado en
el momento que dice: -es difícil de explicar- porque el abuelo nunca le dice
eso a Noah. Todos los otros adultos también lo dicen. El padre de Noah lo hace
cada día, pero no su abuelo.
- No
quiero decir que sea difícil para ti entenderlo, Noah Noah.
- Quiero
decir que es difícil para mí entenderlo- se disculpa el hombre viejo.
- Estás
sangrando- grita el chaval.
Los
dedos del abuelo buscan a ciegas a través de su frente, una única gota de
sangre que la recorre por el borde de un profundo tajo en su piel, justo por
encima de su ceja. allí desafiando las leyes de la gravedad. Finalmente cae en
la camisa del abuelo, sumándose ya a otras dos gotas, convirtiéndose
inmediatamente en un mismo proceso parecido a cuando los niños saltan al mar
desde el embarcadero y hay uno que tiene que ser el más valiente por ser el
primero antes de que los otros le sigan.
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-Sí, sí, supongo que lo soy y acabo de haberme
caído-
El
abuelo replica como si hubiera sido también uno de sus pensamientos, pero no
hay ningún pensamiento silencioso, aquí.
Los
ojos del chaval se agrandan.
-Espera abuelo te has caído en el barco, ahora
me acuerdo, así es como te has dañado- Grité llamando al padre.
¿Padre?
repite el abuelo.
-Sí,
no tengas miedo, abuelo. Padre viene a por nosotros rápido- Noah promete al
abuelo mientras acaricia su antebrazo tranquilizándole y mostrando una
experiencia superior a la que se espera de un chaval de su edad.
Las
pupilas del abuelo rebotan, nerviosamente, haciendo que la firmeza del chaval
continúe.
-Te
acuerdas de lo que tú siempre me decías cuando íbamos a pescar en la isla y
dormíamos en la tienda de campaña: no pasa nada con tener un poco de miedo,
decías porque si mojas los pantalones harás que los osos se mantengan alejados
de nosotros-
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El
abuelo parpadea fijamente, aunque las frases de Noah se han ido haciendo más
borrosas mientras al hombre viejo asiente varias veces aclarando sus ojos:
- Sí,
sí, sí lo dije, Noah Noah. Ah verdad cuando estábamos pescando.
¡Oh,
querido Noah Noah!
¡Has
crecido tanto y tan grande!
¿Cómo
te va en la escuela?
Noah tranquiliza
su voz intentando tragarse el temblor de sus cuerdas vocales al tiempo que su
corazón palpita alarmado.
- Está
bien, soy de los 10 primeros en matemáticas y estate tranquilo abuelo, papá va
a venir pronto a recogernos-
La mano del abuelo descansa sobre el hombro
del chaval.
-Eso
está bien, Noahnoah. Muy bien, las matemáticas siempre te llevarán de regreso a
casa-
El chaval se halla aterrorizado ahora, aunque
sabe que es mejor que el abuelo no lo sienta.
Noah empieza
a cantar: -Tres punto uno cuatro uno-
El
abuelo responde inmediatamente: -Cinco nueve dos-
-Seis
cinco tres- replica el chaval.
-
Cinco ocho nueve- dice el abuelo y se ríe.
Es un
dibujo de la barca con el abuelo y el nieto pescando.
Ese es
otro de los juegos favoritos del abuelo recitar los decimales del número Pi, la
constante matemática que es la clave para calcular el tamaño de un círculo. Al
abuelo le encanta la magia de ello esos números clave que descifran los
secretos y nos abren el universo entero a nosotros. Él se sabe más de 200 de
esos decimales de memoria. El récord del chaval son la mitad. El abuelo siempre
dice que los años venideros permitirán que se encuentren en el medio cuando los
pensamientos del nieto se expandan y los del abuelo se contraigan.
-Siete- dice el chaval.
-Nueve- susurra el abuelo.
El chaval se aprieta la palma y el abuelo se
da cuenta de que el nieto tiene miedo y le dice:
¿Te he
dicho alguna vez de la vez que fui al médico, Noah Noah? y le dije:
-
Doctor, doctor me he roto el brazo por dos sitios y el médico me dijo entonces
recomiendo que dejes de ir a ese sitio-
El chaval entonces parpadea y las cosas se
vuelven cada vez más borrosas.
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-Tú me
has contado eso antes, abuelo. Es tu chiste favorito-
¡Oh!
el abuelo suspira un tanto avergonzado.
La
plazuela es un círculo perfecto. El viento azota por las copas de los árboles;
las hojas se mueven en cientos dialectos de verde; Al abuelo siempre le ha
encantado esta época del año. Vientos cálidos, vagando por los brazos de los
jacintos y pequeñas gotas de sangre secas en su frente. Noa mantiene sus dedos
allí y pregunta:
¿Dónde
estamos abuelo?
¿Por
qué mis animales de juguete están aquí en la plazuela?
¿Qué
pasó cuando te caíste en la barca?
Entonces
las lágrimas del abuelo abandonan sus pestañas.
-Estamos
en mi cerebro, Noah Noah y ha empequeñecido de noche otra vez.
Ted y
su padre están en el jardín. Huele a jacintos.
¿Qué tal la escuela? el padre pregunta
bruscamente.
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Él
siempre pregunta lo mismo y Ted nunca puede encontrar la respuesta correcta. Al
padre le gustan los números y al chaval le gustan las letras; ambas son lenguas
diferentes.
- He sacado
muy buenas notas por mi ensayo- dice el chaval.
¿Y las
matemáticas?
¿Cómo vas con las matemáticas?
¿Cómo crees que las palabras te ayudarán a
guiarte a casa si te pierdes en el bosque? Refunfuña el padre.
El chaval no responde no entiende de números o
quizás los números no le entienden a él. Nunca se han mirado a los ojos directamente,
el padre y el chaval.
El padre, un hombre todavía joven se agacha
para quitar las malas hierbas de la camada de flores. Cuando se incorpora de
pie es ya de noche, aunque juraría que solo un momento acababa de pasar.
-Tres
punto uno cuatro uno- Murmura, aunque su voz no suena nunca más como la suya de
siempre.
¿Padre?
dice la voz del hijo, aunque ahora sonando diferente y más profunda.
- Tres punto uno cuatro uno. Es tu juego
favorito- Clama el padre.
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-No-
replica el hijo.
-Era
el tuyo- empieza el padre, aunque el aire traiciona sus palabras.
-Estás
sangrando, padre- dice el chaval.
El
padre guiña el ojo al chaval varias veces sacudiéndose la cabeza y mientras
sonríe exageradamente:
¡Ah! Es
tan solo un rasguñito.
¿Te he
contado alguna vez acerca de cuando fui al médico y le dije? -Doctor, doctor me
he roto el brazo-
El chaval se calla.
-Padre
estás sangrando- El chaval repite pacientemente yo dije me he roto el brazo. -No
espera, yo dije no puedo acordarme es mi chiste favorito-
Ted es mi chiste favorito deja de meterte
conmigo. A ver si puedo contar mi maldito chiste favorito.
El chaval
le coge las manos cuidadosamente, aunque ahora son pequeñas. Las del chaval parecen
palas en comparación.
¿De
quién son estas manos? Pregunta el hombre viejo.
-Son
mías- replica Ted.
El
padre sacude su cabeza, la sangre recorre su frente y el enojo llena sus ojos.
¿Dónde
está mi chaval?
¿Dónde
está mi pequeño chaval?
-Contéstame-
-Siéntate
un minuto, padre- Le ruega Ted.
Las pupilas del padre cazan el polvo de
alrededor de las copas de los árboles.
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Intenta gritar, pero no se acuerda de cómo
hacerlo. Su garganta solo le dará para un pequeño silbido.
¿Cómo te va en la escuela, Ted?
¿Qué
tal vas en matemáticas?
Las
matemáticas siempre te guiarán a casa….
-Padre,
necesita sentarse, estás sangrando- Le ruega el hijo.
Él lleva una barba que se eriza debajo de la
palma del padre cuando toca las mejillas del chaval.
¿Qué
ha pasado? susurra el padre.
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-Te
has caído en la barca, padre. Te dije que no salieras en barca, es peligroso
especialmente cuando llevas a No____.
Los
ojos del padre se agrandan e interrumpe excitadamente.
¿Ted,
eres tú?
¡Has
cambiado mucho! ¿Qué tal la escuela?
Ted
respira lentamente y habla claramente:
-Yo ya
no voy a la escuela más; soy un adulto ahora-
¿Cómo
fue tu ensayo?
-Padre siéntate ahora por favor, siéntate-
-Pareces
con miedo, Ted. ¿Por qué tienes miedo?
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