Mis notas son partidos de fútbol
Que juego contra mí
mismo tanto dentro como fuera de casa. En vez de con los pies, lo hago con los
dedos de mis manos, que son los que me ayudan a sacar provecho de las jugadas
que se germinan en el juego aéreo de mi cabeza. Me creo que gano casi todos esos
partidos de la vida o del fútbol que en mi propia persona se confunden y se
entremezclan como si fueran encuentros infinitos que me pasan por la
imaginación de los primeros y segundos tiempos de los partidos jugados o por
jugar de mis ya setenta y tres años de competición española, europea o
mundialista.
Sin espectadores ni
medios que los transmitan, sin hinchas que animen o que insulten, esos partidos
míos transcurren en un solo estadio interior y silencioso día sí y día también
para posible delirio, sin exagerar, de las masas invisibles que unas veces se
encuentran con el mejor Messi de todos los tiempos o con una simple explicación
al posible dolor o alegría que causa estar vivo o imaginárselo, sin tapujos ni
fronteras, en un estadio al aire libre que abre el juego sin límites a
campeonatos y ligas que nunca dejan de sorprenderme en el cerebro de mis dedos.
Compito para ganar,
perder o empatar, me enfrento a los mejores o peores espectáculos u obstáculos
que sin avisar puedan presentárseme. Y no me quejo, solo juego y vivo. Mis
notas son mis partidos, son vida y son fútbol y entre los dos, juntos,
destilamos muchos momentos y jugadas que, aunque nunca hayan ganado títulos, sí
creo que merezcan ser contadas y leídas bajo un solo paraguas de comprensión:
«La vida y el fútbol tienen mucho cuento».
Las prometí fidelidad y
que nunca me arrepentiría de haberlas traído al escenario de lo público y a las
opiniones de los sabios de la vida y el fútbol, que son millones. En mi caso
son solo unas pocas que en su origen desean abarcar lo inabarcable de ambos
mundos. Para mí son idilios hechos delirios. Son amor hecho dolor. Son sonrisa
hecha lágrimas y alegría hecha tristeza. Son pasión hecha ilusión, acompañada
de compromiso por dejar patente que a este juego me he entregado sola y
exclusivamente para gritar en silencio, «que he jugado y vivido aceptando todas
sus consecuencias escritas o por llegar, que no es poco».
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