Mis notas son partidos de fútbol

Que juego contra mí mismo tanto dentro como fuera de casa. En vez de con los pies lo hago con los dedos de mis manos que son los que me ayudan a sacar provecho de las jugadas que se germinan en el juego aéreo de mi cabeza. Me creo que gano casi todos esos partidos de la vida o del fútbol que en mi propia persona se confunden y se entremezclan como si fueran encuentros infinitos que me pasan por la imaginación de los primeros y segundos tiempos de los partidos jugados o por jugar de mis casi ya 71 años de competición española, europea o mundialista.

Sin espectadores ni medios que los transmitan, sin hinchas que animen o que insulten, esos partidos míos transcurren en un solo estadio interior y silencioso día sí y día también para posible delirio, sin exagerar, de las masas invisibles que unas veces se encuentran con el mejor Messi de todos los tiempos o con una simple explicación al posible dolor o alegría que causa estar vivo o imaginárselo, sin tapujos ni fronteras, en un estadio al aire libre que abre el juego sin límites a campeonatos y ligas que nunca dejan de sorprenderme en el cerebro de mis dedos.

 Compito para ganar, perder o empatar, me enfrento a los mejores o peores espectáculos u obstáculos que sin avisar puedan presentárseme. Y no me quejo solo juego y vivo. Mis notas son mis partidos, son vida y son fútbol y entre los dos, juntos, destilamos muchos momentos y jugadas que, aunque nunca hayan ganado títulos, si creo que merezcan ser contadas y leídas bajo un solo paraguas de comprensión:” La vida y el fútbol tienen mucho cuento”.

Las prometí fidelidad y que nunca me arrepentiría de haberlas traído al escenario de lo público y a las opiniones de los sabios de la vida y el fútbol que son millones. En mi caso son solo unas pocas que en su origen desean abarcar lo inabarcable de ambos mundos. Para mí son idilios hechos delirios. Son amor hecho dolor. Son sonrisa hecha lágrimas y alegría hecha tristeza. Son pasión hecha ilusión, acompañada de compromiso por dejar patente, que a este juego me he entregado sola y exclusivamente para gritar en silencio mío, que “he jugado y vivido aceptando todas sus consecuencias escritas o por llegar, que no es poco”.

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