Fútbol
En el fútbol
se dan muchas jugadas que destilan mucho cuento, y todos sabemos con qué
intención. En la vida todas las jugadas contienen y llevan mucho cuento. Si se
quiere.
Las mías,
las del fútbol y las de la vida, fluyen por mis venas como si fueran mi propia
sangre y agua que las riegan. Surco las aguas de los ríos que nos llevan.
Son un barco
que creo que soy yo. Las invito a ambas a que aborden a cubierta, se instalen y
naveguemos juntos por esos mares finitos que son nuestra vida y nuestro fútbol.
Continuará….
Permítanme
que les cuente y avise de que la primera y la última de lo que sea son siempre
la consecuencia de la misma línea recta o circular del tiempo. Según desde el
extremo que se mire o nos creamos que estamos mirando.
Lo que de veras me asombra es que
siempre nos refiramos a “perder la vida” y nunca a “ganar la muerte”
y por qué tenemos que vivir toda nuestra vida empatados sin ganar ni una ni
otra.
Después de tantos descuentos, fueras
de juego, goles anulados o en propia puerta, tiros al poste, fallos a puerta
vacía y un sin fin de figurados accidentes que, aunque no nos empujan a la
muerte súbita, si nos hacen entender lo figurado de nuestro lenguaje para
seguir dando patadas al balón hasta que al supremo juez de todos los jueces le
dé por activar el silbato al lado de nuestro oído para susurrando, decirnos que:
“Este
partido/cuento se ha acabado”
justo al mismo tiempo que nuestro empate se quebraba para siempre.
-Ley de vida- me decía mi padre que
era del Atleti.
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