Un sueño casi imposible

 

          Por eso Mini se volvió loco de contento cuando abrió el móvil y leyó la noticia. Verdaderamente era sorprendente. Una sola inyección y las personas inyectadas mayores de 65 años podrían volver a la juventud y energía vital de sus veinte años. Ese era el titular y eso es lo que despertó los sueños del Mini. Era un enamorado del fútbol y sobre todo era un enamorado fanático de Messi. Para él era el Dios del fútbol, el mejor de todos los tiempos.

Daba gracias al cielo por haber compartido existencia al mismo tiempo que Messi y aunque todavía no le había visto jugar en persona en un estadio, su retina, la del Mini, guardaba todos y cada uno de los malabares en forma de goles, pases, quiebros, túneles, paredes, toques, regates y y amagos invisibles con los que el Dios argentino nos había deleitado a todos los telespectadores del mundo entero.

Y yo, el Mini, era uno más de ellos, pero seguramente el más empedernido entusiasta del gran mito futbolístico de la historia.
Mi pasión era el fútbol y mi vida sin fútbol no era vida. Había jugado al fútbol desde muy pequeñito primero en el patio de mi casa con mis hermanos, luego en los campitos de recreo del colegio de los Corazonistas, más tarde en los infantiles y juveniles del Real Madrid, llegué a debutar con el primer equipo del Madrid en un amistoso de verano en Ávila. Después me hice profesional y pude jugar en equipos de primera de España, Suiza y Estados Unidos.

Una larga trayectoria de ligas y equipos que unidos a mi paso por el fútbol sala español y americano me habían dado para mucho pero nunca lo suficiente para superar mis sueños y sobre todo uno, el más grande de todos. Jugar con Messi en su mismo equipo. Entrenar con él, hacer paredes con él, jugar en sus rondos, regatearle, hacerle gracias y en definitiva compartir su fútbol, el fútbol del Dios con el mío

¿Existía algo más grande que eso? Me pregunté, mientras no dejaba de soñar y decirme que esto ahora era posible y había que ponerse manos a la obra. Cómo jugador no se me había dado del todo mal. Pisaba el área, dominaba las dos piernas y el juego aéreo, era buen rematador y me asociaba bien con el balón y mis compañeros. Metía goles, muchos goles, pero hacía mucho muchísimo tiempo que todo esto había pasado para mí frustración. La supuesta inyección daba un gran vuelco a todo. Lo que hasta ahora había sido parte de un gran sueño casi imposible podía convertirse como por arte de magia en escandalosa y sorprendente realidad. No iba a ser fácil iba a tener 20 años otra vez y para ello necesitaba volver a la noticia y leerla en profundidad. Me olvidaría de mis casi 69 años, no sé cómo. Volvería a mi juventud, sí, pero cómo.

¿Adoptaría una nueva identidad futbolística o sería cómo el de antes? 

Estaba claro que debería dejar de ilusionarme por un instante y volver a la inyección. Me fui durmiendo entre sueños recordando que a Messi le pusieron inyecciones para crecer y a mí me las pondrían para rejuvenecer si finalmente me decidía a arriesgarme con todo. Cerré los ojos del todo y me dormí.

Os aviso que ya tengo el hilo. Las fotos, la ciencia y el descubrimiento de una sola inyección, aún no totalmente contrastada, que es capaz de devolver al inyectado a sus años más jóvenes. Al mini le vuelve loco la noticia. Su sueño de jugar con Messi puede hacerse realidad. No duda ni un instante el beneficio de esta inyección supera todos los riesgos y va a por ella.

Podría volver a ser el que era y superar todas las pruebas hasta llegar al Barça antes de que el propio Messi se retire. Merece mucho la pena. Ya veremos de momento, pisar el área y dominar las dos piernas no parece suficiente.

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