Gol de falta y dos asistencias

Sublimes y al primer toque. Acciones las tres, milimétricas en su precisión y exactitud. Única persona en el mundo capaz de pensar maravillosamente con los pies. Disfrútenlo es sumamente prodigioso, eternamente inigualable y dejen que la retina de sus ojos se frote de deleite e incredulidad ante tanta maravilla.

En el fútbol Dios existe y su nombre de pila es Lionel y de apellido Messi. Campa por los terrenos de juego como Pedro por su casa y durante los encuentros el balón le busca porque sabe que nadie en el mundo le tratará con más cariño y maestría.

El balón se rinde a sus pies e inteligencia suprema y se deja llevar porque sabe que su mejor destino siempre será el mismo entre las nubes de piernas y jugadores que intentarán con todas sus inútiles fuerzas, oponerse en su trayectoria hacia su destino natural dónde más sensaciones de júbilo y dolor suele provocar.

El fondo de las mallas del contrario. El estadio entero rugirá y habrá todavía incrédulos que dudarán del nombre y apellido de Dios en la tierra del fútbol, mientras el balón desde el fondo del suelo de las redes sonríe, también de júbilo porque sabe que no hay nadie en el mundo que le trate con mayor cariño, que ese pequeño argentino con cara de niño que en cada partido le descubre nuevos vuelos y destinos que nunca hubiese creído que existieran.

Ayer en los cuartos de final de la Copa de América le escuché decir al balón: “Gracias Dios. Gracias Messi. Gracias Lionel”.

Hacer hablar al balón debe ser un milagro solo al alcance de los dioses. Apagué el televisor, me acosté para seguir soñando, aunque antes ya había aparecido el marcador en la parte baja de la pantalla: Argentina 3 Ecuador 0.

 Desequilibrios

El máximo provocador de desequilibrios totales en el fútbol se llama Lionel y de apellido, Messi.

No sé si es verdad, pero he escuchado por ahí que hay una aseguradora que ofrece seguros individuales a futbolistas que se enfrentan a Messi y que cubren este tipo de desequilibrios y accidentes profesionales.

Creo que la póliza cubre todo tipo de daños físicos, psicológicos y emocionales. Este tipo de "Messi accidentes" están tan a la orden del día y la demanda de jugadores afectados ha subido tanto que las aseguradoras se han visto obligadas a poner el precio de las pólizas por las nubes.

Cada vez hay más jugadores damnificados, pobrecitos.

 

Luca

Le conocí con 17 años en un amistoso contra España en Ginebra antes del mundial de Alemania en 2006. Me sorprendió entonces y desde aquel partido no ha dejado de sorprenderme gratamente.

Su calidad es exquisita y su golpeo con el exterior de su pie derecho es de ejecución clínica. Dónde pone el ojo allí va la bola con ese majestuoso toque de mago.

Muchísimas gracias, Luca, Luca Modric, por tus regalos de fútbol y de valor infinito.

 

Arrastrados

¿Por qué muchos de nosotros nos quedamos parados o nos movemos hacia atrás, cuándo el mundo y la vida nos arrastran y empujan hacia delante sin remedio?

A eso lo llamamos vivir, o tal vez sería más justo referirse a ello cómo “malvivir” ¿Y tú qué piensas?

Un sueño casi imposible

 

          Por eso Mini se volvió loco de contento cuando abrió el móvil y leyó la noticia. Verdaderamente era sorprendente. Una sola inyección y las personas inyectadas mayores de 65 años podrían volver a la juventud y energía vital de sus veinte años. Ese era el titular y eso es lo que despertó los sueños del Mini. Era un enamorado del fútbol y sobre todo era un enamorado fanático de Messi. Para él era el Dios del fútbol, el mejor de todos los tiempos.

Daba gracias al cielo por haber compartido existencia al mismo tiempo que Messi y aunque todavía no le había visto jugar en persona en un estadio, su retina, la del Mini, guardaba todos y cada uno de los malabares en forma de goles, pases, quiebros, túneles, paredes, toques, regates y y amagos invisibles con los que el Dios argentino nos había deleitado a todos los telespectadores del mundo entero.

Y yo, el Mini, era uno más de ellos, pero seguramente el más empedernido entusiasta del gran mito futbolístico de la historia.
Mi pasión era el fútbol y mi vida sin fútbol no era vida. Había jugado al fútbol desde muy pequeñito primero en el patio de mi casa con mis hermanos, luego en los campitos de recreo del colegio de los Corazonistas, más tarde en los infantiles y juveniles del Real Madrid, llegué a debutar con el primer equipo del Madrid en un amistoso de verano en Ávila. Después me hice profesional y pude jugar en equipos de primera de España, Suiza y Estados Unidos.

Una larga trayectoria de ligas y equipos que unidos a mi paso por el fútbol sala español y americano me habían dado para mucho pero nunca lo suficiente para superar mis sueños y sobre todo uno, el más grande de todos. Jugar con Messi en su mismo equipo. Entrenar con él, hacer paredes con él, jugar en sus rondos, regatearle, hacerle gracias y en definitiva compartir su fútbol, el fútbol del Dios con el mío

¿Existía algo más grande que eso? Me pregunté, mientras no dejaba de soñar y decirme que esto ahora era posible y había que ponerse manos a la obra. Cómo jugador no se me había dado del todo mal. Pisaba el área, dominaba las dos piernas y el juego aéreo, era buen rematador y me asociaba bien con el balón y mis compañeros. Metía goles, muchos goles, pero hacía mucho muchísimo tiempo que todo esto había pasado para mí frustración. La supuesta inyección daba un gran vuelco a todo. Lo que hasta ahora había sido parte de un gran sueño casi imposible podía convertirse como por arte de magia en escandalosa y sorprendente realidad. No iba a ser fácil iba a tener 20 años otra vez y para ello necesitaba volver a la noticia y leerla en profundidad. Me olvidaría de mis casi 69 años, no sé cómo. Volvería a mi juventud, sí, pero cómo.

¿Adoptaría una nueva identidad futbolística o sería cómo el de antes? 

Estaba claro que debería dejar de ilusionarme por un instante y volver a la inyección. Me fui durmiendo entre sueños recordando que a Messi le pusieron inyecciones para crecer y a mí me las pondrían para rejuvenecer si finalmente me decidía a arriesgarme con todo. Cerré los ojos del todo y me dormí.

Os aviso que ya tengo el hilo. Las fotos, la ciencia y el descubrimiento de una sola inyección, aún no totalmente contrastada, que es capaz de devolver al inyectado a sus años más jóvenes. Al mini le vuelve loco la noticia. Su sueño de jugar con Messi puede hacerse realidad. No duda ni un instante el beneficio de esta inyección supera todos los riesgos y va a por ella.

Podría volver a ser el que era y superar todas las pruebas hasta llegar al Barça antes de que el propio Messi se retire. Merece mucho la pena. Ya veremos de momento, pisar el área y dominar las dos piernas no parece suficiente.

 

Fútbol

En el fútbol se dan muchas jugadas que destilan mucho cuento, y todos sabemos con qué intención. En la vida todas las jugadas contienen y llevan mucho cuento. Si se quiere.

Las mías, las del fútbol y las de la vida, fluyen por mis venas como si fueran mi propia sangre y agua que las riegan. Surco las aguas de los ríos que nos llevan.

Son un barco que creo que soy yo. Las invito a ambas a que aborden a cubierta, se instalen y naveguemos juntos por esos mares finitos que son nuestra vida y nuestro fútbol. Continuará….

Permítanme que les cuente y avise de que la primera y la última de lo que sea son siempre la consecuencia de la misma línea recta o circular del tiempo. Según desde el extremo que se mire o nos creamos que estamos mirando.

Lo que de veras me asombra es que siempre nos refiramos a “perder la vida” y nunca a “ganar la muerte” y por qué tenemos que vivir toda nuestra vida empatados sin ganar ni una ni otra.

Después de tantos descuentos, fueras de juego, goles anulados o en propia puerta, tiros al poste, fallos a puerta vacía y un sin fin de figurados accidentes que, aunque no nos empujan a la muerte súbita, si nos hacen entender lo figurado de nuestro lenguaje para seguir dando patadas al balón hasta que al supremo juez de todos los jueces le dé por activar el silbato al lado de nuestro oído para susurrando, decirnos que:

“Este partido/cuento se ha acabado” justo al mismo tiempo que nuestro empate se quebraba para siempre.

-Ley de vida- me decía mi padre que era del Atleti.

 

Mis notas son partidos de fútbol

Que juego contra mí mismo tanto dentro como fuera de casa. En vez de con los pies lo hago con los dedos de mis manos que son los que me ayudan a sacar provecho de las jugadas que se germinan en el juego aéreo de mi cabeza. Me creo que gano casi todos esos partidos de la vida o del fútbol que en mi propia persona se confunden y se entremezclan como si fueran encuentros infinitos que me pasan por la imaginación de los primeros y segundos tiempos de los partidos jugados o por jugar de mis casi ya 71 años de competición española, europea o mundialista.

Sin espectadores ni medios que los transmitan, sin hinchas que animen o que insulten, esos partidos míos transcurren en un solo estadio interior y silencioso día sí y día también para posible delirio, sin exagerar, de las masas invisibles que unas veces se encuentran con el mejor Messi de todos los tiempos o con una simple explicación al posible dolor o alegría que causa estar vivo o imaginárselo, sin tapujos ni fronteras, en un estadio al aire libre que abre el juego sin límites a campeonatos y ligas que nunca dejan de sorprenderme en el cerebro de mis dedos.

 Compito para ganar, perder o empatar, me enfrento a los mejores o peores espectáculos u obstáculos que sin avisar puedan presentárseme. Y no me quejo solo juego y vivo. Mis notas son mis partidos, son vida y son fútbol y entre los dos, juntos, destilamos muchos momentos y jugadas que, aunque nunca hayan ganado títulos, si creo que merezcan ser contadas y leídas bajo un solo paraguas de comprensión:” La vida y el fútbol tienen mucho cuento”.

Las prometí fidelidad y que nunca me arrepentiría de haberlas traído al escenario de lo público y a las opiniones de los sabios de la vida y el fútbol que son millones. En mi caso son solo unas pocas que en su origen desean abarcar lo inabarcable de ambos mundos. Para mí son idilios hechos delirios. Son amor hecho dolor. Son sonrisa hecha lágrimas y alegría hecha tristeza. Son pasión hecha ilusión, acompañada de compromiso por dejar patente, que a este juego me he entregado sola y exclusivamente para gritar en silencio mío, que “he jugado y vivido aceptando todas sus consecuencias escritas o por llegar, que no es poco”.

 

El fútbol y la vida tienen mucho cuento.

Me vino este título a la cabeza en medio de uno de mis paseos diarios a lo largo del Río Chemung o de la calle del Agua que es otro de mis itinerarios favoritos. El título se me ocurrió a través de esa calle licuosa ya que el río y su sendero llevan más de dos semanas congelados por culpa de la nieve y el frío que nos azota en la costa este de los Estados Unidos.

Llegué a casa cogí el móvil, pensé en el título, abrí la sección de notas y abajo del todo leí un subtítulo que decía 127 notas escritas y a razón de unas 5 páginas por nota, me di perfectamente cuenta de que el fútbol y la vida tienen mucho cuento y yo mucho por contar. 127 x 5 =635 páginas. Y sin querer empecé a pensar en qué hacer con ellas. Ordenarlas sí, pero de qué manera. Algunas, muchas trataban de la vida y otras, también muchas, trataban del fútbol. Pero el fútbol es vida y más en mi caso. Se me ocurrió escribir esto para aclarar mis ideas, pero acabé más confundido todavía como casi siempre.

Hoy son ya 158 las notas que tengo en este editor y no veo forma de que me quede quieto y siga escribiendo tal como me venga en gana. Así es mi oficio o pasatiempo de escribir, cuándo me viene, me viene y no lo puedo desaprovechar. Siempre me da miedo que no me vuelva a venir, pero no creo porque lo que me viene me viene de lo que vivo y veo u oigo cada día y mientras siga vivo y coleando habrá alimento para mi cabeza y mis dedos. Ahora apago mi fuente y sigo viviendo.

  Las olas   Esta es la historia de un sobrino que nace en el mismo pueblo, en la misma familia, por supuesto, y casi en la misma casa q...